Niños estrella (y algunos estrellados)

Son muchas las teorías populares y las críticas que se hacen a los programas cuyos protagonistas son los niños. Situaciones de tristeza, de enfado y de gran desilusión causada por la rivalidad a la que son sometidos, crean a críticos de estos programas.

Un fallo a destacar que suelen tener estos programas, es la conversión adulta que hacen de estos niños y niñas. Vestidos como adultos, a veces nos sorprenden negativamente. En el caso de los chicos en algunos de estos programas, podemos verlos con camisa y zapatos como si en su vida diaria fuesen como ejecutivos. En el caso de las niñas, con unos vestidos más normales en discotecas o galas importantes, que en niñas de 7 años.

Por otro lado, estos jóvenes nos demuestran, además de una sinceridad absoluta, tener más valores y sentido común que las mismas versiones en adultos. Aunque la intención de las productoras sea rivalizar a los concursantes, muestran un compañerismo y una buena fe digna de ser ejemplo en los adultos. Estos valores surgen de la inocencia de los mismos, estos chicos no tienen como objetivo ganar ningún premio económico, entienden el programa como una oportunidad para pasárselo bien y disfrutar, tal y como su edad lo requiere.

Una buena educación de los padres, y tener siempre como prioridad el bienestar del menor, tendrían que ser obligatorios a la hora de hacer partícipe a tu hijo en un programa de estas características. Son muchos los ejemplos de menores que conocieron la fama y acabaron sin disfrutar de una infancia adecuada, algo que no se puede recuperar nunca y que es esencial para el crecimiento correcto de cualquier ser humano.

Aunque el programa tenga como gran parte del público a gente adulta, también son muchos menores los que siguen estos programas. Como cualquier personaje público que tiene seguidores, es importante que estas personas sean ejemplo, y sus actos deben ser consecuentes con ello, la ética y la moral debe prevalecer en todo momento. El articulo indica que Aimar, un joven que tuvo mucha repercusión en uno de estos programas, ahora cuenta con un programa propio en Disney Channel. Esto será debido a que ya ha conectado con un numero importante de jóvenes y en este caso, presentando un programa de cocina saludable, ha unido su fama con una buena acción.

Ejemplos contrarios a esta idea pueden ser los famosos Justin Bieber o Miley Cyrus, que contando con un número importantísimo de seguidores sus buenas causas han sido truncadas por una fama que ha ido en contra ellos mismos. Muchos de los seguidores con los que cuentan defienden todos los actos que se han conocido en su vida publica, muchos de ellos de dudosa moralidad. Encontramos también casos de jóvenes que conocieron la fama desde el primer momento y aprovecharon esta fama para contribuir mediante su imagen. Emma Watson o Demi Lovato son buenos ejemplos de activismo social con campañas que se llevan acabo gracias a la influencia que tienen en el público joven.

Como estamos estudiando en este tema, las circunstancias sociales y disposiciones psicológicas influyen en el uso de los medios. En estos programas, la justificación de sus altos índices de audiencia y el boom que ha tenido, se relaciona con la crisis económica y la fortaleza de la familia en estas épocas. Puede que sea cierta esta teoría, ya que estos programas tienen una cierta connotación de cercanía a la idea de familia, bastante influyente en épocas de crisis. Pero cierto es que aun no estando en épocas de crisis estos programas han tenido un éxito notable. Recuerdo un programa de Bertín Osborne, llamado Ankawa, que se emitió en TVE en época de bonanza económica y que tuvo un éxito importante.

Los sentimientos de los que habla el tema de la asignatura son la idea clave de estos programas. Los niños llevan los sentimientos al extremo y muestran su mayor de las sonrisas cuando se lo están pasando bien, o el mayor de los llantos cuando pierden. Esta efusividad conecta con el público y es la mayor razón de éxito de estos programas.

El mayor problema de esta fama juvenil es la explotación tanto de la imagen como del tiempo de esos niños. Los padres tienen la labor de que prevalezca el bienestar del niño antes que el bienestar económico, y las televisiones deberían de cuidar mas a una cantera de audiencia mas vulnerable que a la que están acostumbrados. Los excesos siempre son malos, pero el problema de este caso es que hablamos de infancias, de tiempo, algo que no se puede recuperar en ningún caso.

 

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