La crisis de los medios demanda un periodista-programador

Datos e interactividad. Dos conceptos que, si nos detenemos un instante a apreciar las nuevas narrativas que están emergiendo actualmente en el periodismo, parece prácticamente imposible que no adquieran un papel protagonista en el medio plazo de esta profesión. Dos conceptos, a su vez, íntimamente relacionados con la tecnología digital; algo que, curiosamente, contrasta en comparación con la esencia puramente artesana que tradicionalmente ha caracterizado al periodismo.

El análisis a vuelapluma que podemos realizar en esta tesitura es que la realidad cambiante está obligando al periodista a salvar una brecha entre las competencias que hasta ahora le habían sido requeridas y aquellas necesarias para la manipulación de este contenido y su presentación en formatos digitales. Se trata este desafío de algo imperativo pues, como defiende Aron Pilhofer en una entrevista concedida a El País “los datos son solo el punto de partida, no un objetivo por sí solos”, precisando claramente que la labor del profesional no se limita a la simple y llana traslación de una base de datos en bruto.La solución más inmediata apunta a la necesidad de que durante la confección del producto periodístico se produzca un dialogo constante entre el periodista y el programador de la redacción, como apunta entre otros este artículo publicado en ijnet.org, la red de periodistas internacionales. Concretando y a modo de ejemplo, el ideal se acercaría a algo parecido a que el periodista proporcione al programador un boceto acerca de cómo quiere que sea la interacción del usuario con el contenido y este lo materialice a través de un entramado de software y comandos. Ciertamente, no constituye nada diferente a la relación que el periodista viene tiempo teniendo con otros especialistas del grupo mediático como por ejemplo el infografista, el técnico de sonido, el productor de video…

Si, en cambio, tenemos en cuenta el contexto actual, puede lamentablemente resultar un planteamiento excesivamente optimista, dada la precariedad en la que se encuentra sumida la profesión. La crisis particular que azota a la profesión ha provocado que el cierre de editoriales o la reducción de personal en sus redacciones sea el pan de cada día. Con la intención de controlar el gasto y ceñirse a presupuestos mucho más austeros, Obligado a dominar cada vez más tareas y campos debido a la precariedad, del mismo modo que, como ha sido citado en el ejemplo anterior, previamente ya ha sucedido con los infografistas o los técnicos de sonido. Quizás, visto el panorama y en la línea la tesis que se formula en el artículo publicado en internetmedialab.com, el proceso que debería llevarse a cabo está más ligado con la reformulación de los planes de estudios que se vienen estilando desde el siglo pasado. Se trata de ampliar las habilidades del periodista más allá de una escritura pulcra, una voz modulada o un lenguaje corporal sugerente.

El nuevo perfil de periodista que la realidad ha configurado con su solo discurrir habla de un profesional mucho más completo, multidisciplinar. Una mutación que ya se viene tímidamente advirtiendo con varios ejemplos como los locutores de radio viéndose obligados a instruirse en el manejo de softwares de edición de audio como Audacity o redactores experimentando un fenómeno similar con Illustrator en busca de acompañar sus textos con valiosas infografías a modo de complemento. El siguiente paso que debe dar el periodista debe darlo hacia la ejecución de comandos o escritura en código. Obviamente plagada de caracteres a primera vista indescifrables impone mucho más respeto. Sabemos que todo proceso de aprendizaje mina la autoestima, pero el periodista está obligado a ello. Dentro de poco será imprescindible.

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