Teorías normativas y el mundo real

El primer principio de la calidad informativa es la objetividad. Que a su vez implica exigencias tales como: equilibrio, pertinencia, neutralidad, nivel informativo y respeto a la exactitud y a la veracidad.

Hace ya 15 años, un joven llamado Stephen Glass (Chicago 1972) llegó a conseguirlo todo. Poseía una mente brillante, era buen estudiante y tenía buenas notas. Se licenció en periodismo por la Universidad de Pensilvania y de ahí lo ficharon para el periódico político The New Republic, con tan sólo 23 años.

Poco a poco este joven conquistó a todos los lectores gracias a su asombrosa facilidad para conseguir declaraciones de todo tipo y de todos (cargos de la Casa Blanca, empresarios, sindicalistas) nadie se le resistía.

Su progreso iba viento en popa hasta Mayo de 1998, cuando publicó el artículo “Hack Heaven” sobre piratería y chantaje. Este artículo descubría la situación de un adolescente burlando la seguridad del gigante del software Jukt Micronics. Y como dirigentes de Jukt le nombraron jefe de seguridad con un contrato muy bueno por su trabajo.
La bomba estalló cuando Adam Penenberg, especialista en tecnología de la revista Forbes.com empezó a investigar la rareza de este evento. Y resumió todos sus hallazgos en un artículo titulado: “Mentiras, malditas mentiras y ficción”.
En este artículo se desmoronaron todos los argumentos y declaraciones que utilizó Stephen Glass para construir su historia. Es más, Glass construyó el mismo una supuesta página de Jukt Micronics para demostrar que era cierto lo que había ocurrido. Esta falsa página fue la principal causa de su despido a los 25 años. También fue un duro golpe para el periódico político The New Republic que llevaba informando al público norteamericano desde 1914.
Con el tiempo se descubrió que Glass inventó (parcial o totalmente) en tan sólo 2 años de su tiempo de redacción en el periódico 21 historias de las 40 que publicó.
Esta escalofriante historia hizo que se reabriese el debate sobre la veracidad de los medios de comunicación. Un asunto que comentaba al principio.

La objetividad y la veracidad contribuye a aumentar la credibilidad de la información y de las opiniones mostradas por un medio de comunicación, que es lo más importante.
Actualmente vivimos en una sociedad bien informada y capaz de elegir a sus líderes. Por esa misma razón es sumamente necesaria la objetividad en la práctica mediática. Siempre con la verdad por delante, tal y como dice el código deontológico de la F.A.P.E. Todo esto debe darse siempre con la posibilidad de cotejar que toda la información es cierta.
Luego también hay muchas otras normas morales y sociales, como por ejemplo respetar las culturas, las regiones o los países que raramente se cumplen en su totalidad. Pero lo que verdaderamente es necesario para que un medio funcione es la aplicación práctica de las reglas básicas más inmediatas. Y la falta a la verdad es una de las más importantes. Si un medio tiene ausencia de esta norma es probable que muy pronto podamos ver su derrumbe como ocurrió al diario The Sun con el escándalo de las escuchas ilegales para obtener información.

Tristemente la vida de Stephen Glass dio un vuelco y tuvo que volver a la Universidad y se licenció en derecho. Se presentó a 3 convocatorias de exámenes (2003, 2008, 2009) y la corte suprema de Los Ángeles le denegó la licencia porque afirmaban: “no poder confiar en una persona que hizo tantas invenciones”.
Finalmente, al cuarto intento le dieron la licencia el pasado mes de noviembre de 2011.

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