La libertad desde las celdas del penal García Moreno

El ex penal García Moreno, ubicado en el centro histórico de Quito-Ecuador, fue inaugurado en 1875 durante el periodo del ex presidente García Moreno. Posterior al traslado de los privados de libertad al nuevo Centro de Rehabilitación Social (CRS) Regional Cotopaxi se organizó una exposición fotográfica denominada por “Espacios vacíos”, donde el público puede conocer cómo fue el sistema de convivencia en este ex centro penitenciario.


El antiguo Penal García Moreno actualmente es un museo. Fuente: Andrea Navarrete

El antiguo Penal García Moreno actualmente es un museo.
Fuente: Andrea Navarrete

El frío se apodera del cuerpo. Todo parece un laberinto sin escapatoria. Te amenaza la oscuridad. El suelo que se desbarata te persigue, se triza y parece que a cada paso se desmorona más. Las paredes parecen amenazantes, están marcadas por historias, son manchas de sangre y de oscuras realidades.

Al subir al segundo piso tienes la esperanza de encontrar un nuevo paisaje y entonces el crujir de un pasillo de madera te despierta del iluso pensamiento. De pronto, miras hacia tus pies y te das cuenta que el descarachado suelo no te abandona. Buscas una pronta salida, y hacia arriba también el techo te amenaza. Se desprenden pedazos de pintura húmeda y te quedas contemplando y preguntándote ¿en qué momento caen?

En una celda convivían hasta 15 reos. Fuente: Andrea Navarrete

En una celda convivían hasta 15 reos.
Fuente: Andrea Navarrete

En aquel laberinto oscuro, el frío es tu único abrigo. Pero, al entrar a una pequeña ¡muy pequeña! celda e imaginarte que están hasta 15 reos entonces sientes el calor hostigante, que te ahoga con los mil olores. Los olores de los zapatos que ya tienen huecos, el baño que se resiste abandonar su contenido, las cocinetas con unas sartenes negras, quemadas y a medio llenar de aceite, la ropa húmeda colgada de una varilla por encima del baño y los colchones cercenados, entonces, anhelas salir de aquel infierno y buscas la libertad.

Tu expresión es la misma, tu rostro no dice nada, tu cuerpo se mueve casi involuntariamente y te lleva a otro oscuro cuarto donde no pasas de la puerta porque te quedas mirando aquella rejilla frente a ti. Es una ventana muy pequeña donde no cabe ni un bebe o quizás sí, pero solo él. Está cubierta con una malla metálica, pero su centro está cortado, y entonces piensas que quien lo hizo quizás buscó la libertad por el pedazo de cielo que se ve a través de ella.

Te imaginas la vida de los anónimos reos que pasaron por aquel inhóspito lugar; recreas las carambolas que hicieron en aquellas mesas de billar, piensas en cuántos pagaron 0,75 centavos para jugar, o cuántos compraron huevos, pan en la tienda del ex penal, cuántos comieron donde el cevichero, cuántos compraron un reloj o un incienso, cuántos fueron al gimnasio y cuántos al centro de educación básica o al taller de carpintería.

A la vez, también piensas en los sentimientos inagotables de los “PPL” (Personas Privadas de Libertad) al leer esas promesas de amor que algún día se han de consumar “J y J te amo”, “Joha por siempre” o los carteles de mujeres con pocas prendas que quizás calentaban los fríos cuerpos de los reos, las aventuras o más atroces venganzas que se daban en las pequeñas celdas con condones que tenían el sello del Ministerio de Salud.

Cuando recorres los pasillos y celdas del segundo piso y miras hacia el primero es inevitable pensar en cuántas vidas terminaron ahí abajo. Dicen que la depresión te mata en vida, y muchas veces el suicidio es la escapatoria. O un día, alguien decide tu fin, ya sea por deudas, venganzas o por riñas donde un tenedor puede ser el arma letal o simplemente te sumerges en las drogas y no sientes el pasar del día.

En aquel oscuro laberinto, hoy llamado ex penal García Moreno, hay un cuarto que hace que una sensación de esperanza recorra tu cuerpo, más que ese frío abrazador. Miras en la puerta de una celda el dibujo que quizás lo hizo un niño o una niña, donde te muestra la libertad desde unas montañas pintadas con crayola rosada y las aves que vuelan a la par del atardecer y entonces te das cuenta que hay una manera de ser libre en medio de aquel infierno, cuando miras las estrellas pintadas en el techo de la oscura habitación.

Más imágenes del ex penal García Moreno-Quito

 

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