El cine como instrumento de propaganda – CASABLANCA

En el siguiente post vamos a adentrarnos en el mundo del cine, pero no para analizar el último blockbuster veraniego o para comentar la enésima polémica protagonizada por alguna estrella hollywoodiense, sino para estudiar este medio de comunicación desde una perspectiva académica. En concreto, un aspecto muy tratado por los expertos, pero del que la gente corriente quizá no es tan consciente.

Hablamos del uso del cine como instumento de propaganda. Para ello, vamos a centrarnos en un film concreto y muy característico en este aspecto: Casablanca (Michael Curtiz, 1942)

El largometraje se empezó a gestar tras el bombardeo de Pearl Harbor, ocurrido el 7 de diciembre de 1941. Dada la importancia del cine de Hollywood como arma de propaganda, los gobernantes americanos creyeron necesario justificar la entrada de Estados Unidos en la guerra, así como elevar la moral de la población, a través de esta herramienta. De esta forma Casablanca, aparte de narrar una de las historias de amor más famosas de la historia del cine, tiene un carácter propagandístico que se desarrolla con sutileza a lo largo de todo el film.

El mensaje de propaganda comienza desde la primera escena, en la que una voz en off pone en situación al espectador. Tras la ocupación alemana del país galo llegan a Casablanca miles de refugiados para intentar llegar a Lisboa y, de allí, a Estados Unidos. Rick Blaine (Humphrey Bogart) es un americano que regenta un café en la ciudad marroquí al que acuden desde mandatarios nazis hasta refugiados europeos. Hasta el Rick’s Café llega buscando su última esperanza Victor Laszlo (Paul Henreid), un héroe de la resistencia gala que está siendo buscado por la Gestapo. Le acompaña su mujer Ilsa Lund (Ingrid Bergman), una antigua amante de Rick. Éste tendrá que elegir entre una vida cómoda con la mujer que quiere o luchar contra las injusticias y permitir que la pareja llegue a Estados Unidos.

El mensaje de esta escena se centra en explicar cómo la gente huye de la guerra buscando llegar a Estados Unidos. Es decir, se refleja al país americano como la tierra de la salvación, mientras que los países que han caído bajo el dominio nazi serían poco más que el infierno. Este reflejo de América como el país de las libertades, la tierra prometida en la que encontrar la paz y un futuro, continuará durante toda la película.

En las diversas escenas en las que aparece el Rick’s Café también se muestran las consecuencias de la guerra. Es el centro de reunión de todo tipo de víctimas de la guerra. Con ello se describe cómo el fascismo ha llevado el desamparo y el dolor a una Europa derrotada.

También en la caracterización de los personajes se observan elementos de propaganda. Por ejemplo, el mayor Strasser (Conrad Veidt) es la viva caricatura del enemigo. Representa al típico nazi que odia todo lo que no sea alemán. Es un hombre sin escrúpulos, que siente desprecio por la vida con el único objetivo de que todos los pueblos queden sometidos por el III Reich. Su muerte a manos del americano Rick, erige a este como un héroe y es una clara metáfora de como Estados Unidos es capaz de vencer a Alemania.

Una de las escenas más poderosas del film, en la que también está presente el mensaje propagandístico, es la que se canta el himno francés. Mientras Victor Laszlo y Rick Blaine hablan en el piso superior, en el local un grupo de oficiales alemanes comienzan a cantar el himno nazi. En ese momento Rick, indignado ante tal hecho, baja al bar y ordena a la banda que toque La Marsellaise, y empieza a cantar. Inmediatamente, el resto de personas se le unen, acallando los intentos de los nazis por imponerse. Finalmente, los oficiales no tienen otro remedio más que sentarse y la gente estalla en gritos de Vive la France! Vive la liberté!

El mensaje en esta escena está claro: el pueblo unido es capaz de derrotar a cualquier totalitarismo, por muy poderoso que éste sea.

Pero sin duda, en el final es de donde se aprecia el mensaje que se quiere transmitir de una manera más clara. Se juntan los tres personajes alegóricos del film: el mayor Strasse, representando como es obvio al Reich nazi; Víctor Laszlo, que se corresponde con los países ocupados, especialmente Francia; y Rick, alegoría de Estados Unidos.

El punto de conflicto lo encontramos en la figura de Ilsa. Rick, antiguo amante de ella, tendrá que decidir entre dejar que apresen a Víctor o dejarle huir (precisamente a Estados Unidos) y con ello perder al amor de su vida. Debe determinar si continuar con su vida cómoda y egoísta de espaldas al mundo, y seguramente recuperando a su amante o, por el contrario, luchar contra las injusticias. Finalmente opta por la opción moral correcta, que es ayudar a Víctor, obrando con dignidad y honor.

El mensaje que se transmite es simple. Estados Unidos se encuentra en la misma encrucijada. Debe decidir si apoyar a Europa frente a los nazis, luchando por salvar las vidas inocentes y acabar con las injusticias del Reich o, por el contrario, darles la espalda y no preocuparse por cosas que no le afectan directamente, incluso sacando beneficio de la contienda.

En definitiva, Casablanca es un film sumamente interesante, que como toda obra maestra puede ser interpretada desde diversos ángulos, y que continúa siendo de plena actualidad.

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