El conservador de sueños

Creció alucinándose tarzán y queriendo vivir en la selva. Después de surcar casi todos los rápidos del sur del Perú, se mudó a Tarapoto para hacer realidad sus delirios de niñez. Ahora su casa se llama Tambo Ilusión y decenas de personas de todo el mundo llegan para buscar sanación o desconectarse de lo cotidiano

Después de caminar más de dos horas en busca de unas cataratas, Armando Rodríguez Tynan se sienta en una piedra del tamaño de una camioneta en lo más alto de una colina. Desde ahí se puede ver un inmenso bosque que se abre entre los montes de San Martín, en la Amazonía norte de Perú. Nubes blancas que dan ganas de abrazar y cielo celeste que no necesita filtro. Todo es paz en este lugar que desde hace más de veinte años hizo su hogar. De chico solía escuchar anonadado las historias de su padre sobre la magia de la selva. En esas épocas gastaba sus días con los amigos del club Regatas de Lima, revolcándose en la playa uno o escapándose por un ceviche. Han pasado más de 36 años que dejó la capital y sus días eternos en el malecón de Chorrillos para dar vueltas por el Perú. El hijo de Luis Rodríguez y Lucy Tynan ha vivido en Cusco, Madre de Dios y San Martín. En la actualidad deposita sus sueños a quince minutos de Tarapoto y junto a su pareja Johanne Delisle, ha convertido su casa en un centro de paz, buena alimentación y sanación.

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Conexión total
Johanne nació en Canadá pero ya es toda una selvática. Con su apacible sonrisa nos recibe con un vaso de agua helada. Gengibre y otras hierbas le dan energía a este líquido que nos ayudará a equilibrar nuestro cuerpo y mejorará el trabajo de nuestro estómago. Saber qué estamos comiendo y tomando es una de las primeras lecciones que nos dan en su casa de catorce hectáreas que llaman Tambo Ilusión y que desde hace algunos años recibió el reconocimiento del Estado como Área de Conservación Privada.

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Darle una pausa a la agitada vida es vista como un lujo para todos los que vivimos en la ciudad. Pensar en un día sin teléfono ni correo electrónico es inconcebible cuando muchas veces lo primero que hacemos al despertar es prender el celular. Bañarse en una laguna rodeada de monos y aves multicolores es una experiencia tan lejana como una serie de Discovery Channel. No nos creemos capaces de sentir algo más allá del calor que nos brinda el cemento o el frío del aire acondicionado. Sin embargo, hay mucha gente en todo el Perú que está empezando a romper esas barreras mentales que nos hacen actuar como si no fuéramos una creación de la naturaleza. En la selva de San Martín, Johanne y Armando nos esperan para mostrarnos un camino natural para conectar con lo que nos rodea.

La primera vez que Armando Rodríguez llegó a Tarapoto este terreno estaba pelado. Servía para producir aguardiente. Había un trapiche y un alambique. Tenía pocos árboles. La tierra era explotada para sembrar caña de azúcar y para que el ganado coma. Pocos se imaginaban este espacio lleno de árboles y vegetación. Este se encontraba condenado a desaparecer. Rodríguez venía de trabajar en Cusco y Madre de Dios en el sector turismo y le vio potencial. Durante toda su infancia fue parte del equipo de remo del Regatas y eso le sirvió para coger su bote, y ser uno de los guías más destacados en los ríos del sur del país. Así hizo más fuerte su lazo con la naturaleza. Los cuentos mágicos que le contaba su padre seguían removiendo sus ideas y los relatos dejaron de ser solo fantasía. Así que se decidió. Trajo algunas maderas, calaminas y herramientas, y transformó el trapiche en su casa.

Aferrado a su sueño
Armando Rodríguez tiene un rostro transparente, sincero. Tiene una mirada tranquila y cuando observa su terreno, sus ojos brillan como cuando habla de sus primeros días en Tambo Ilusión. “Este lugar contaba con un gran potencial paisajístico. Vi la quebrada y el pequeño manantial y pensé que se podía recuperar. Me quería quedar aquí”, recuerda Armando esas épocas en las que era visto como un desquiciado.

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El plan consistiría en combinar la conservación, el ecoturismo y la Permacultura. Esta última, una filosofía de vida que tiene como base el yoga, la meditación y la medicina natural para lograr la plenitud. Sin embargo, en sus inicios, el terror alejó a Armando de sus sueños. Sendero Luminoso y el narcotráfico convirtieron al departamento de San Martín en un lugar inseguro en la segunda mitad de los años ochenta. Tuvo que salir de ahí con sus hijos. Durante su ausencia, lo poco que había avanzado recuperando el bosque, se perdió. Quemaron la vegetación, tumbaron los pocos árboles que quedaban, le desmantelaron la casa.

En 1996 regresó para poner todo en orden. Hizo un proyecto de zoocriadero destinado a la investigación en la crianza de sajino, una especie de chancho de monte. Pero esto no duró mucho tiempo. La supuesta paz post terrorismo que vivía el país, no incluía a la región de San Martín. Ante la vuelta de la inseguridad, se tuvo que ir por segunda vez. Y como todo optimista soñador, regresó una vez más. En 2003 reinició su labor de recuperación del bosque. La Municipalidad distrital le donó plantones para reforestar y fue construyendo poco a poco todas sus instalaciones. Después de un tiempo, tenía un bosque. Caobas, cedros, pucaquiros, shainas, bolainas, yacushimbillo y otras especies fueron apoderándose de Tambo Ilusión. El campo se fue regenerando. Implementó un vivero en donde come lo que siembra. Y hoy han pasado menos de diez años y casi todo lo que tiene es bosque. Uno de los pocos que se puede encontrar en los alrededores de Tarapoto.

Cinco monos pichicos saltan alrededor de la casa queriéndose llevar unos plátanos que cuelgan en la ventana. Un añuje, un roedor parecido a las vizcachas pero con orejas y cola más pequeñas, llega hasta la puerta trasera para comerse todos los frutos que han caído de los árboles que Armando puso en la tierra hace muchos años. En Tambo Ilusión, todo ha sido hecho con un sentido. Sembró plantas medicinales como el matico para combatir los males estomacales; árboles maderables; palmeras; aguajes y pijuayos para darle de comer a las aves, monos y roedores. Todo se mueve como la naturaleza manda. Todas las especies conviven en paz para hacer de este lugar un espacio único, especial y mágico, como su padre le contaba.

En la actualidad llegan de todas partes del mundo para buscar a Armando y su pareja, Johanne. Principalmente de Europa y Estados Unidos. Teniendo en cuenta que una buena alimentación es la clave para mantener la salud, y también la cura para muchos males, llegan para tratar distintas enfermedades cómo cáncer o problemas con el hígado o el estómago. A su vez, ofrecen paquetes de Detox, que son programas de alimentación sana y equilibrada que ayuda a tu cuerpo a eliminar las toxinas que se van acumulando por nuestros malos cuidados. “Teniendo en cuenta lo mal que comemos siempre, esto es algo que todos deberíamos hacer con frecuencia”, nos dice Johanne, profesora de yoga y una experta en alimentación sana.

La paz que ha logrado Armando y Johanne en Tambo Ilusión es inquebrantable, y ellos lo quieren compartir con todos. Los hijos de Armando ya son parte de este sueño y lo están ayudando darle sostenibilidad a este rincón del departamento de San Martín en donde conectarse con lo que te rodea es una opción necesaria de vida. Después de más de veinticinco años desde la compra, está cumpliendo sus metas. Hizo de este un paraíso y nos demostró que no es necesario explotar el bosque para convivir con él, sino todo lo contrario, se puede llegar a la felicidad plena, cuidándolo y retribuyéndole con amor y paciencia todo lo que la tierra nos da.

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