Resumen: El uso de la cámara oculta en los reportajes de investigación (José Mª Martínez)

Dada la problemática entre la ley de protección de datos y derecho a la intimidad en un tiempo en el que es literalmente más sencillo que nunca conseguir imágenes de otras personas, ¿Hasta qué punto es lícito el seguir con las tácticas de antes en el periodismo de investigación?

Tenemos en mente a referentes en la gran pantalla que nos dan una concepción idealizada de cómo debe ser el periodista modelo, llega fácilmente a nuestra mente “Todos los hombres del presidente” (1976), aquel sabueso que destapa grandes complots solo con su olfato, su cámara y su grabadora; un formato que ahora mismo se considera ilegal.

El uso de cámara oculta para tratar de sacar algo de luz en investigaciones puede ser una de las herramientas más poderosas de las que pueden componer la panoplia del periodista, o pueden ser todo lo contrario. Pueden, de hecho, convertirse en las armas de la prensa amarillista o rosa, y ser usadas en contra de los pobres famosos cuya vida nunca volverá a ser la misma, pues todo puede ser titular para el medio adecuado.

Esto plantea la dicotomía entre si la disciplina debería estar regulada por la ley, o por el código deontológico del periodista. Entre si sabemos todos lo que se puede considerar una información que el público necesita conocer por razones de causa mayor, o si es una patraña que solo hará las delicias del espectador sensacionalista.

A pesar de los puntos marcados y los buenos argumentos a favor de la ley, no puedo encontrarme en otro estado que no sea dividido ante este hecho, y medito sobre las posibles implicaciones legales que pueden tener las imágenes que se terminarán tomando. No podemos olvidar que vivimos en un tiempo en el que prácticamente todo el mundo va con una cámara en el bolsillo, y no es extraño encontrar información de más cuando alguien despreocupadamente se toma una foto o un vídeo por la vía pública. ¿Podemos sancionar a esa gente? ¿O solo lo hacemos con periodistas? ¿Sirven igual las pruebas que se consiguen con alevosía, o valen también las accidentales? Si así fuese… ¿El llamado Quinto Poder deja a cualquier persona con redes sociales como un posible periodista, o solo se aplica a los titulados?

Como toda cuestión ética que tenga que ver con el bien mayor, el mal menor o el fin justificando los medios, opinar al respecto es caminar sobre una delgada línea que resulta difícil de transitar.

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