Análisis del Código Deontológico Europeo de la Profesión Periodística

El Código Deontológico Europeo de la Profesión Periodística, cuya ponencia y redacción corre a cargo del parlamentario europeo y catedrático de Filosofía del Derecho, Manuel Núñez Encabo, fue aprobado por unanimidad en Estrasburgo el 1 de julio de 1993. El documento, adoptado por la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, recoge una serie de principios éticos del periodismo en un total de 38 artículos distribuidos en seis apartados. También incluye cuatro recomendaciones dirigidas al Comité de Ministros para avanzar en el desarrollo de la profesión periodística, así como en quienes repercute su ejercicio, en los estados miembros del Consejo de Europa.

Código Deontológico FAPE

Código Deontológico FAPE

Juan A. Hipólito

 

Este código deontológico, a diferencia de otros que sí lo incluyen, como el aprobado por la Asociación de la Prensa de España (FAPE) en Sevilla el 27 de noviembre de 1993, no dispone de presentación o preámbulo alguno que lo contextualice, motive su redacción e identifique claramente los objetivos por los que se crea. A nuestro humilde modo de ver, los dos primeros artículos que abren la sección dedicada a Noticias y Opiniones bien podrían haber encajado en una hipotética introducción.

 

En cuanto al contenido de su articulado se refiere, en comparación con otros códigos deontológicos del periodismo en Europa, y tomando como referencia la tabla de principios elaborada por Tiina Laitila en “Journalistic Codes of Ethics in Europa” para European Journal of Communication, existen muchas similitudes: veracidad de la información, corrección de errores, el rechazo a cualquier forma de discriminación, respeto a la intimidad de las personas, métodos honestos en la obtención de la información, no aceptar presiones internas ni injerencias externas, libertad de expresión, comentario o crítica, distinción entre noticias y opiniones, presunción de inocencia, cláusula de conciencia o secreto profesional, por poner algunos ejemplos.

 

Sin embargo, se echan en falta algunos de los principios que comparten más de la mitad de códigos deontológicos del periodismo en Europa. Verbigracia: el respeto por los derechos de autor y las normas de citación. Un deber que también recoge la FAPE en su código deontológico tras adherirse a las denuncias realizadas por diferentes asociaciones, entre ellas la de la Prensa de Huelva, sobre “la utilización de trabajos realizados y firmados por periodistas, por parte de medios ajenos a la empresa o el grupo para el que trabajan, sin citar a sus autores y sin compensarles con  retribución alguna, dando lugar con ello a una situación de clara indefensión profesional y competencia desleal”. Un problema agravado con la aparición e incremento de los periódicos digitales en los últimos años.

 

El nuevo periodismo digital imperante hoy día, en el que los propios ciudadanos tienen un papel protagonista como generadores de contenidos e información de los que en ocasiones se hacen eco los profesionales, necesita de una serie de normas basadas en los principios de Internet y el uso de las redes sociales que no se recogen en este documento. En este sentido, deberían tenerse en cuenta las nuevas funciones que el profesional de la comunicación está llamado a asumir ante el auge del denominado “periodismo ciudadano”: filtrar y verificar la información, contrastar y buscar las fuentes, contextualizar la situación, y educar a estos en todo lo anterior.

 

Por otra parte, también echamos en falta la inclusión de la publicidad en el apartado Noticias y Opiniones en el que se subraya la necesidad de diferenciar entre ambos términos. En este sentido, creemos que del mismo modo debería tratarse la idoneidad de separar la publicidad y el contenido editorial, sobre todo la institucional y electoral, cuyos límites se difuminan en ocasiones de una forma más que sutil.

 

En cuanto al apartado de La Función del Periodismo y su Actividad Ética, nos llama la atención que el documento no recoja el deber de respetar el derecho al honor y a la propia imagen, como sí hace con el de intimidad de las personas y a la protección de la juventud y la infancia. A nuestro entender, tal y como recoge el artículo 20.4 de la Constitución Española, tanto unos como otros han de ser considerados límites inherentes a la libertad de expresión e información por parte de los profesionales que la ejercen. En este sentido, el documento omite la prohibición de cualquier tipo de calumnia, difamación y acusaciones infundadas, que sí recogen más de la mitad de los códigos deontológicos del periodismo en Europa.

 

En definitiva, aunque susceptible de ser mejorado en su estructura organizativa y contenido, así como en la actualización del mismo, sobre todo, en base al uso que los profesionales hacen de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación en la actualidad, podemos hablar de un código que en esencia recoge criterios, normas y valores asumibles por quienes desempeñan funciones periodísticas en el conjunto de la Unión Europea.

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