Cara y cruz del Medio Ambiente en Huelva

Juan A. Hipólito

Huelva, una de las zonas de España que destaca por la diversidad que presenta su entorno natural, con el Parque Nacional de Doñana como símbolo identitario se enfrenta este año a uno de los retos medioambientales más ambiciosos de las últimas décadas: la restauración de las balsas de fosfoyesos, propiedad de la empresa química Fertiberia, que albergan más de 120 millones de toneladas de residuos industriales vertidos en 1.200 hectáreas de marismas.

 

El Polo Químico desde Marismas del Odiel

 

Se trata de una de las dualidades más ejemplarizantes que escenifican la cara y cruz del Medio Ambiente onubense. Una tierra capaz de presentar lo mejor y lo peor de su entorno en poco más de 100 kilómetros cuadrados: playas de fina arena dorada por un cálido sol y bañadas por las aguas del Atlántico en la Costa de la Luz y un Polo Químico del que forman parte una veintena de empresas dedicadas al negocio del petróleo y sus derivados.

 

El Medio Ambiente se ha convertido en los últimos tiempos en uno de los temas estrella a debate en Huelva. Representantes de asociaciones vecinales, ecologistas, científicos e investigadores, políticos, empresarios y sindicalistas forman parte de una mesa de participación creada este invierno con el objetivo de estudiar la propuesta más idónea para rehabilitar el más del millar de hectáreas de marismas contaminadas por los residuos de fosfoyesos.

 

De forma paralela, un comité integrado por una docena de expertos de diferentes disciplinas, bajo la coordinación de José Borrego Flores, catedrático del área de Estratigrafía y Sedimentología de la Universidad de Huelva, trabaja de forma ajena a las influencias del proyecto de restauración presentado por Fertiberia que continúa con su tramitación en el marco de la sentencia emitida por la Audiencia Nacional en 2010 por la que la empresa tiene que detener sus vertidos y acometer la regeneración ambiental de la zona.

Plan de Recuperación de las Balsas de Yesos de Fertiberia

 

Y todo esto en el año en que Huelva pretende acoger la Convención Internacional sobre Cambio Climático bajo la organización de la Junta de Andalucía. Un evento en el que el onubense José Fiscal, consejero de Medio Ambiente y Ordenación del Territorio, tiene depositada toda su confianza para vestir a Huelva con los tonos verdes que merece.

 

Mientras tanto, Doñana seguirá representando el buen nombre de la Tierra del Descubrimiento más allá de sus fronteras. A pesar de los puntos negros que ensucian la cara más bonita de la clásica Onuba, otrora poblada por fenicios y tartesios, la “joya de la corona” de la Huelva ecológica sigue brillando con luz propia en el verde de su entorno.

 

El Parque Nacional Doñana, Patrimonio de la Humanidad y Reserva de la Biosfera, es la mayor reserva ecológica de Europa y uno de los espacios protegidos más importantes de la geografía andaluza. Los ecosistemas terrestres y acuáticos le confieren unas características específicas para albergar una biodiversidad única que destaca por: la cría del lince ibérico y el águila imperial, especies en peligro de extinción, además de las miles de aves que realizan su parada habitual en su tránsito hacía África.

 

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