Niebla, Miguel de Unamuno

Juan A. Hipólito

 

Miguel de Unamuno (Bilbao, 1864 – Salamanca, 1936), ensayista, novelista, dramaturgo y poeta, destaca en el mundo de la literatura por su espíritu independiente y su preocupación por la lengua. Sus principios éticos y morales son inamovibles. Miembro de la Real Academia de la Lengua y doctor honoris causa por la Universidad de Oxford. Sus obras contribuyen a crear una sociedad más informada, culta y reflexiva. Su postura crítica ante el poder de la Dictadura de Primo de Rivera (1923) le lleva al destierro, primero en Fuerteventura y más tarde en París. El exilio le conduce a la introspección y a los problemas existenciales que refleja a modo de vivencias y preocupaciones en obras posteriores. Regresa a España de la mano de la II República en 1930, y dedica sus últimos años de vida a la novela y la dramaturgia.

 

Niebla

Portada. 1ª edición Niebla, Miguel de Unamuno

 

Niebla (1914), también llamada nivola por el propio Unamuno, con una clara intención de alejarse de los cánones tradicionales del discurso narrativo, marca la preocupación del autor por sí mismo y por su subjetividad. La relación del narrador con el personaje principal, Augusto Pérez, es un claro ejemplo de esto. El autor proyecta en él todas sus dudas, reflexiones e inquietudes. Sus monólogos, en la mayoría de los casos, envueltos en una espiral divagante, y los diálogos que mantiene con el resto de personajes, no buscan otra cosa que ir más allá del simple planteamiento de las cosas dadas por hechas.

 

Filosofía y estética son dos de las preocupaciones que Unamuno pone de manifiesto en esta novela. La introspección está presente en toda la obra. El protagonista principal, al igual que su autor, está constantemente autoanalizándose, reflexionando sobre todo lo que le ocurre. De la misma forma, el diálogo entre personajes y, en especial, el que mantiene el propio Unamuno con Augusto, bien de forma directa o bien indirecta a través de su proyección en Víctor Goti, consigue dar una mayor intensidad y carga dramática a toda la obra.

 

Eso sí, a nuestro juicio, el autor hace un uso excesivo, pero consciente, de la paradoja o antilogía, con una clara intención de estimular la reflexión del lector en el camino hacia la resolución de la propia duda por excelencia: la existencial. Unamuno utiliza esta figura retórica, consistente en la unión de dos ideas opuestas que resultan contradictorias, para que el lector intente encontrar la verdad que pueda llevar oculta. En definitiva, utiliza la lengua para adentrarse en el pensamiento del individuo.

 

En general, la lectura de Niebla es amena, a pesar de la carga reflexiva que conllevan sus soliloquios. La manera de narrar la historia y el juego dinámico y constante que mantiene con sus diálogos la hace más terrenal y apta para ser asumida por cualquier mortal. Es como la vida misma, puro teatro, una tragicomedia en la que reímos y lloramos casi al mismo tiempo, intentando descubrir quién somos y qué hacemos en este mundo real o de ficción, en el que ni siquiera sabemos si somos dueños de nuestro propio destino o es la providencia la que marca nuestro camino.

 

Autor: Juan Antonio Hipólito Domínguez

 

cc

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