The Insider: la relación entre los medios y las grandes empresas.

Juan A. Hipólito

La película objeto de análisis en el presente trabajo pone de manifiesto la lucha de poderes entre el mercado y los medios, la complejidad de las estructuras e instituciones mediáticas y los procesos de comunicación que llevan a cabo todos los actores que intervienen en la transmisión del mensaje, desde el emisor hasta el receptor, pasando por el canal.

 

El filme muestra también la relevancia que tiene la retroalimentación comunicativa en un proceso en el que pueden verse reflejado con toda nitidez los modelos desarrollados por Wesrlay y MacLean, por una parte, y Maletzke, por otra, en los que se priorizan los factores de intermediación, psicológicos y sociales.

Efectivamente, los medios de comunicación, sometidos a la lógica de la economía del mercado, no son simplemente “un negocio más”, ya que desempeñan un papel relevante en la esfera pública, aunque sean de propiedad privada. La radiografía de la película The Insider (El Dilema), basada en hechos reales, así lo pone de manifiesto.

 

La obra, dirigida por Michael Mann en 1999, muestra la influencia que las grandes empresas (en este caso se trata de la tabacalera Brown & Williamson) pueden ejercer sobre determinados medios (en el mismo caso, la cadena de televisión CBS) para defender sus intereses particulares por encima de los públicos.

 

La todo poderosa firma de tabaco quiere ocultar a toda costa las sustancias adictivas añadidas a los cigarrillos que fabrica. Se trata de la cumarina, una sustancia que incrementa esa adicción, a la vez que perjudica seriamente la salud de sus consumidores, dañando determinados órganos vitales.

 

Lowell Bergman, interpretado por Al Pacino, es el productor de uno de los programas más prestigiosos y con mayor audiencia del sector, 60 minutos, que desvela el engaño gracias a la colaboración del científico, Jeffrey Wigand, al que da vida Russell Crowe, despedido por la tabacalera Brown & Williamson por oponerse al fraude.

 

En este caso, será el emisor el que seleccione el mensaje en función de lo que interesa a su audiencia, yendo más allá de la secuencia lineal puesta de manifiesto en el paradigma de Lasswell, sin posibilidad de retroalimentación, y concediendo una destacada importancia a la función de la selección. La comunicación deja de tener un fin persuasivo que agradece el receptor en forma de feedback.

 

Pero el proceso comunicativo irá complicándose sobre manera en el momento en el que entren en juego otros factores que terminarán por condicionarlo.  De esta forma, resultarán determinantes para el desarrollo del proceso comunicativo elementos como: la personalidad del emisor; las relaciones sociales que mantienen los principales protagonistas; el equipo de trabajo y las relaciones que mantienen con sus jefes; las presiones de determinadas instituciones judiciales y grupos mediáticos

El actor Russell Crowe

 

Si atendemos a las diferentes perspectivas desde la que podemos contemplar el análisis de esta película, este se puede aplicar a través de diferentes enfoques, desde el económico hasta el profesional, pasando por la concentración y la propiedad, y el interés público. Por ejemplo, podemos ver: a la todo poderosa CBS (emisora privada de TV) plegándose a los intereses económicos en detrimento del interés público en el momento en que sus directivos ven como un litigio con la tabacalera podría poner en peligro la venta de acciones del canal; a los profesionales revelarse ante su medio y enfrentarse a sus jefes para hacer llegar su mensaje al receptor, sin filtros ni interferencias; al control que quieren ejercer los propietarios del medio para moldear el contenido del mensaje en su propio beneficio económico; y al receptor, como último beneficiario del mensaje, tras un intenso proceso de comunicación en el que el feedback resulta claramente determinante.

 

Resulta patente como todos quieren influir en el contenido del mensaje, desde la socialización y las actitudes de los trabajadores del medio hasta las instituciones y las fuerzas sociales, pasando por los hábitos de la organización y la producción. De la misma forma se pueden identificar las relaciones y los conflictos que mantienen los diferentes actores que se mueven en el entorno de las organización mediática: la sociedad, los propietarios, las fuentes, los periodistas, la audiencia. Todo bajo una cadena de hechos que se van sucediendo bajo un denominador común de causa-efecto.

El actor Al Pacino en el centro

Verbigracia: los conflictos entre el medio y sus profesionales surgen cuando los intereses económicos interfieren en la libertad de expresión, sometiendo la autonomía del profesional a la jerarquía burocrática y a las imposiciones externas. Esto se ve claramente en las escenas donde los representantes de la Dirección del canal de TV intentan convencer a los periodistas que llevan la investigación de las consecuencias negativas que para la empresa puede suponer la emisión del programa en cuestión. El comunicador se muestra ante el dilema de atender a la disciplina de la organización o a sus creencias y valores personales. Precisamente, esto último, es lo que mueve al profesional a filtrar los conflictos internos surgidos en su propia empresa a otros sectores mediáticos (prensa), para que ejerzan como grupo de presión con la intención de complacer al mayor número de receptores, a pesar del riesgo evidente que podría provocar para el prestigio y la imagen del medio.

 

Finalmente, es esa presión y no otra la que mueve al medio a emitir la entrevista tal y como fue concebida en un principio por sus profesionales, cuyas características y valores personales entran en permanente conflicto con la línea editorial del medio, más cercana a los interés económicos que a los de su público. Desgraciadamente, esta es la tendencia seguida por los grandes media dominantes en la que cada vez se hace más patente la teoría política-económica, que antepone la necesidad de beneficios a la independencia del medio.

Autor: Juan Antonio Hipólito Domínguez

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