Los justos, Albert Camus

Albert Camus fue un escritor francés nacido en Drean, Argelia, en el año 1913. Por aquel entonces la localidad colonizada por Francia recibía el nombre de Mondovi. Polifacético autor que abarcó distintos estilos literarios y ejerció como periodista, novelista, ensayista y hasta se atrevió con el teatro. En el año 1957 Albert Camus recibía el Premio Nobel de Literatura, tan sólo tres años más tarde fallecería en Villeblerin, Francia. Sus obras contienen una gran carga filosófica que persiguen comúnmente dos corrientes y que ambas son perfectamente observables en su obra “Los justos”. El “absurdismo”, del cual Albert Camus fue prócer, propugnaba en sus obras la idea de que el ser humano busca una razón de ser a todo, una explicación, chocando con la realidad de un mundo irracional. Por otro lado, la idea de rebeldía, pero con responsabilidad moral es otra de las percepciones que Camus impregnaba en sus obras.

Albert Camus, en su obra “Los justos”, sitúa a un grupo de socialistas revolucionarios rusos en un piso franco que planean meticulosamente el asesinato del duque Sergio. Conseguir la libertad del pueblo ruso es su único fin. Sin embargo, la forma en que se produzca dicha libertad se pone en duda cuando es a través del ejercicio del miedo y la violencia. El grupo, se debate la moralidad del asesinato viviendo una contrarreloj continua puesto que la discusión se está produciendo con el plan ya en marcha. Los daños colaterales en los que los terroristas, directa e indirectamente se pueden ver involucrados son dialogados.

Primeramente, es el bien de la comunidad, en este caso de Rusia, el que prevalece por encima del futuro porvenir que le deparará a cada uno de los implicados en el acto delictivo. Sin embargo, los personajes se van humanizando a medida que el tiempo transcurre y el momento del asesinato se acerca. El miedo, en este caso, parece provocar sensatez en alguno de los personajes que cambian de discurso a medida que los contratiempos se van sucediendo.

La metamorfosis que sufren algunos de los personajes deja en evidencia la absurdez de lo que se creía imprescindible y faltan páginas para corroborar lo cerca que está una persona de pasar de héroe a villano.

Alexis Voinov muestra su cara más justiciera en el comienzo de la obra, donde no le basta con denunciar la injusticia, sino que insta a combatirla. Sin embargo, a lo largo de la obra la fuerza y convicción características de su personaje se van desvaneciendo, llegando incluso a abandonar el grupo a falta de una hora para asesinar al duque Sergio.

Kaliayev es otro de los personajes que reclama una especial atención. Su fascinación demostrada en un primer momento por ver morir en primera línea al gran duque se desmorona al ver a éste junto a sus sobrinos compartiendo carruaje. La profesionalidad de Kaliayev y del líder del grupo, Annenkov, queda en entre dicho por una absurda situación que pone en jaque al grupo y al supuesto trabajo previo de seguimiento y estudio que habían realizado del objetivo.

Dora es otro de los personajes que continuamente muestra su inseguridad, alejándose de manera permanente de la noción de justicia que tiene el resto. Aun así, su postura es muchas veces confusa e incluso recriminatoria hacia sus propios compañeros.

La conversación final entre Forka y Kaliayev es una obra maestra. Kaliayev sufre en sus propias carnes la dudosa concepción que él mismo tenía de lo que es o no un justiciero. Kaliayev al asesinar al duque estaba haciendo, supuestamente, un bien para todos. Forka, al ahorcar a un asesino despiadado como Kaliayev, estaba contribuyendo de igual forma a un bien para la ciudadanía. Pero qué sucede cuando tú te conviertes en víctima, ¿o en ajusticiado?

Los justos, de Albert Camus, excelente representación de lo que ha sucedido, sucede y sucederá. ¿La violencia para llegar a la anhelada libertad o la utilización de la palabra como arma de destrucción masiva? Pero por encima de todo, hay una idea que no deja de inquietarme. Al grupo terrorista que Camus dio vida en “Los justos” les movía el afán liberador de Rusia o sentían un irrevocable y cómodo sentimiento de pertenencia a un grupo de carácter sectario.

 

 

 

 

 

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