Las Encuestas de Empleo del tiempo libre: utilidad y limitaciones metodológicas

El tiempo, dicen muchos, es el único bien realmente escaso. Las horas de vida  con las que contamos son todo lo que tenemos para hacer de nuestra existencia algo significativo, o no. No en vano, el salario es, precisamente, el pago por el tiempo invertido en una actividad que beneficia a un tercero, es decir, vendemos nuestra mano de obra para obtener condiciones económicas que nos permitan reproducir las condiciones de vida y, eventualmente, aprovechar el tiempo excedente en las cosas que queremos: familia, amigos pareja, viajes, ocio, educación o cultura.

Una forma de saber las preferencias que tiene la población de un país determinado en el uso del tiempo es mediante la aplicación y análisis de las Encuestas de empleo del tiempo, a través de ellas, podemos hacernos una idea sobre las actividades no remuneradas que más ocupan la vida de los seres humanos en un contexto social y geográfico especifico. Esto ofrece datos sobre las prioridades sociales de los grupos humanos, la distribución de las labores no remuneradas entre sexos y grupos poblacionales, las prácticas culturales, educativas y comunicativas, y patrones de relacionamiento. La información generada, permite, a su vez, la generación de políticas públicas acordes con las necesidades y el modo de vida de los ciudadanos.

En el caso español, la página del Instituto Nacional de Estadística permite obtener los resultados de la encuesta de periodicidad variable que se aplica a la población de todo el territorio nacional. Los últimos datos disponibles, por ejemplo, corresponden al periodo 2009-2010. El instrumento estadístico se aplica en hogares que habitan una vivienda familiar, y genera información de tres unidades de análisis: individuos mayores de diez años, hogares privados y días de la semana. Acá llama la atención la exclusión que se hace de los más pequeños, lo cual limita la posibilidad de que la encuesta contribuya a la comprensión de la situación de los niños y niñas, y a la formulación de políticas públicas de primera infancia y niñez.

A lo largo de un año, se diligencia semanalmente y por familia, un diario de actividades donde se registran las acciones realizadas en intervalos de 10 minutos. Este diario se complementa con un cuestionario individual que recoge la información de las actividades llevadas a cabo por las personas, en el transcurso de la semana inmediatamente anterior a la que se aplica.

Una de las limitaciones metodológicas más evidentes es el carácter restrictivo de la definición de hogar que es catalogado de la siguiente manera “un conjunto de personas que ocupan en común una vivienda familiar principal” y que comparten gastos e ingresos. Sin embargo, el compartimiento de una vivienda resulta problemático, pues no siempre quienes lo hacen tienen una economía común y lazos familiares, por ejemplo, un grupo de estudiantes que comparten piso no se catalogan como hogar, sino que se asumen parte del hogar de sus padres, si es que dependen económicamente de ellos, así vivan en una provincia o ciudad alejada.

Cerrar la categoría de hogar impide obtener un análisis según la heterogeneidad de las condiciones sociales de los individuos. Al homogeneizar a todas las personas como miembros de un hogar no se toman en cuenta especificidades como la mostrada anteriormente, luego, se imposibilita la creación de un perfil social y de uso del tiempo más allá de la restricción al vínculo económico con la familia de origen. Por ejemplo, si se quiere saber las diferencias en los estilos de vida de entre quienes habitan en entornos familiares y quienes, por ejemplo, comparten vivienda con amigos, no habría manera de desagregar los datos para su análisis y llegar a una conclusión, perdiéndose información sobre las dinámicas de la población más joven. De alguna manera, parecería que la encuesta presenta un carácter adultocéntrico y familiarista, no correspondiéndose con la realidad heterogénea de la sociedad actual.

De otra parte, la encuesta y el diario se enfocan en las actividades principales realizadas por la persona en un momento específico y en su duración media diaria. El hecho de crear generalizaciones a través de las medias es muy problemático pues no da cuenta de ciertas asimetrías existentes en el uso de tiempo por factores de diversa índole. Así mismo, no se evidencia un dato que dé cuenta de las distribuciones de los datos, razón por la cual no se puede establecer que tanto se ajusta la “realidad de las medias” a la realidad de las personas. Una alternativa frente a esto podría ser la incorporación de una medida de distribución y un análisis de ello.

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