El mercado laboral colombiano: un desincentivo para las mujeres educadas

El desempleo femenino en Colombia

El desempleo es definido como una situación de la vida económica y productiva de la población en el que se quiere y se está en condición de laborar, pero aun así no es posible hacerlo, debido a que se ha perdido el puesto de trabajo o no se encuentra uno. Esta condición se vuelve una vulnerabilidad ya que reduce significativamente la capacidad adquisitiva de la población y, por ende, afecta las condiciones de vida de la misma. Así mismo, condiciona la posibilidad de estar afiliado al Sistema de Seguridad Social y a recibir atención médica oportuna.

En Colombia, este fenómeno afecta de manera especial a las mujeres, quienes, según las cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), presentan mayores dificultades a la hora de conseguir empleo. Realizando un promedio histórico, desde el año 2007, la población femenina tiene una tasa de desempleo del 15,07 anual, mientras que para sus pares masculinos es de 8,8. Es decir, la diferencia de las medias de la tasa de desempleo entre hombres y mujeres es fuertemente significativa. Por cada hombre desempleado hay casi dos mujeres en su misma situación.

Las cifras más altas de desempleo las presentan las mujeres con un grado de escolaridad de secundaria completa, entre esta población la media histórica es de 19,13. Por su parte, en la población masculina los más afectados son quienes tienen un grado de escolaridad de superior incompleta, con una tasa de desempleo del 12,8. Resulta sorprendente observar que el desempleo afecta en mayor proporción a quienes, en general, han tenido niveles de formación medios. Este hecho nos remite a pensar en la forma en que el mercado laboral nacional se encuentra estructurado y sobre el tipo de trabajos que ofrece: por un lado, unos que norequieren mayores niveles de formación, probablemente manuales e informales, y de otra parte, puestos de trabajo competitivos que exigen una preparación superior.tasa de desempleo

En primera instancia, es loable pensar que la tasa de desempleo se encuentra relacionada con la formación escolar de la población. El sentido común nos diría que: entre más estudio, hay mayores posibilidades de encontrar un puesto de trabajo. Sin embargo, un análisis de los datos, mediante la aplicación de la prueba estadística del Chi Cuadrado, arroja un valor de 0,935, en contraste con el valor crítico esperado de 11,070. Al ser la primera cifra menor que la segunda se infiere que la hipótesis correcta es, de hecho, la contraria. Se demuestra así que el nivel educativo es independiente a la tasa de desempleo, luego, encontrar un trabajo parece más una cuestión de suerte que de preparación y, como históricamente se ha visto, cuando reina el azar, las mujeres parecen menos beneficiadas.

Claramente, la condición de desventaja de las mujeres en el mercado laboral no tiene nada que ver con el azar, a las dificultades estructurales de este entorno, es decir, la competitividad y la escasez de puestos laborales para la población más educada, se suman las desigualdades históricas que sufre el género femenino. Según los informes de la Comisión de Género de la CEPAL, aun en la actualidad, los empleadores prefieren contratar hombres pues se tiene la concepción de que las mujeres son menos productivas al tener que ocuparse de las labores domésticas y el cuidado de los niños y ancianos.

Esto se puede comprobar al verificar que,de hecho,  pese a ser menos contratadas, las mujeres presentan tasas de formación más altas. Según datos del DANE, en la población femenina, la tasa neta de asistencia escolar alcanza mayor proporción que la masculina en los niveles de secundaria y educación superior, con una diferencia del 7% y 3%, respectivamente.asistencia escolar

Con este panorama, se puede concluir que estudiar no constituye una garantía para las mujeres. Para dar un ejemplo, la tasa de desempleo es casi igual entre aquellas que no tienen ninguna formación y las que cuentan con un título de educación superior. Claro, para estas últimas las condiciones laborales son más favorables, sin embargo, en comparación a sus pares masculinos, pareciera que además de enfrentarse a un mercado laboral hostil y ya de por sí competitivo, también deben superar un machismo estructural que las excluye de las labores económicamente rentables.

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