La radio tradicional aprende a navegar por Internet

La irrupción de internet y las Redes sociales en nuestras vidas han traído consigo una batería de cambios estructurales que, sin darnos cuenta, han modificado aspectos básicos en nuestros comportamientos como seres sociales. Las nuevas tecnologías representan una evolución natural en la manera en la que nos comunicamos, nos informamos y, sobre todo, la forma en la que asimilamos los contenidos de diversa índole que la sociedad de la información ha puesto a nuestro alcance.

La radio en internet

La denominada “brecha digital” ha obligado a reciclarse a todos los individuos que persiguen situarse en el lado de la realidad activa de la información; una realidad excluyente para aquellos que se nieguen a avanzar dentro del los nuevos universos del entorno digital.

A la vez que se nos ha dotado de unas herramientas privilegiadas que nos permiten formar parte de una opinión activa y, de alguna manera protagonista, se exige de nosotros  un aprendizaje de las nuevas técnicas de interactividad nunca aplicadas hasta este momento.

Dicha exigencia ha significado un reto sin parangón para los medios de comunicación tradicionales. Todos y cada uno de los canales de información se han visto abocados a una actualización urgente e inevitable a la que tenían que responder, sin apenas tiempo, si querían asegurar su existencia futura.

Y como la mayor parte de los acontecimientos determinantes de la historia de la humanidad, esta renovación “autoimpuesta” no ha llegado en el mejor momento para las empresas de la comunicación. La crisis económica imperante durante los últimos años ha golpeado indiscriminadamente los cimientos de nuestro tejido empresarial, siendo los medios de comunicación uno de los sectores que más han sufrido las nefastas consecuencias.

En un momento de carencia de recursos económicos que ha desembocado en la necesidad de reducir el número de profesionales en plantilla, el desplome de los ingresos publicitarios y la propia crisis del sector informativo, medios tan tradicionales como la radio han tenido que hacer frente a la remodelación de un sector, en pleno cambio de modelo, debido al fuerte empuje de las tecnologías digitales. ¡Renovarse o morir!

Teniendo en cuenta la complicada existencia de este medio en un futuro cercano, debido a la dificultad de la captación de  nuevos oyentes  que constataran su continuidad (sobre todo entre los sectores más jóvenes), bien podría observarse como algo determinante y positivo esta exigencia digitalizadora.

El reto de adaptación ante una nueva realidad impuesta podría ser considerada, finalmente, como  la tabla de salvación milagrosa que consiguiera otorgar un final feliz a un medio abocado a la desaparición, más temprano que tarde.

Términos nacidos en el universo de la “Red de redes” como “hipertextualidad” o “multimedia” han nutrido de humanidad y cercanía un ámbito tan frío como es el  tecnológico, dotando de una nueva cotidianeidad a las ondas hertzianas que se refuerzan ahora con nuevas vertientes de interactividad.

El oyente es ahora el que marca las pautas de la temporalidad. Se le ofrece un menú informativo “a la carta” en el que, solo él, decidirá cual será el alimento que nutrirá su hambre de actualidad y el orden establecido para llevar a cabo dicha ingesta.

Por otro lado, la voz y letra del implicado y atento receptor, cobra un importancia vital en el “qué, quién y de qué manera” es la más adecuada para poner a su disposición la información y esta situación no debe pasar inadvertida para las empresas que verdaderamente tienen en cuenta la realidad de los que las hacen posible: su público.

Las web de las organizaciones, su existencia activa en las distintas redes sociales, el correo electrónico e incluso nuevas plataformas de comunicación como es la “ultrautilizada” y tan en boga aplicación “Wasap”, habilitan un amplificador vital para hacer oír las voces y opiniones que parten de  un receptor que se erige en actor principal.

La posibilidad de conocer al oyente en profundidad dota de  una impagable ventaja de cómo y hacia qué lugar conducir los contenidos. Las emisoras  más avispadas consiguen recabar los resultados de las sinergias que, bien aplicadas, puedan recogerse de unas óptimas estrategias del ejercicio de una empatía creíble y auténtica.  que sepa convencer a nuevos radioyentes y fidelice a los públicos ya adscritos a la filosofía de la “casa sonora”.

Sin embargo, aun queda mucho camino por recorrer. Los exigentes requerimientos de esta digitalización apresurada han pillado de improviso a la gran mayoría de los medios, que han tenido que echar mano de la improvisación más creativa para continuar en pie.

Ahora toca evaluar quienes han sabido dar en la diana a la hora de levantar los cimientos de un proyecto estable que ofrezca calidad, diversidad y consistencia en los contenidos.

Como oyente activa, tras más de tres décadas, de la emisora pública Radio3 en su versión tradicional, he sabido adaptarme, de la misma manera que lo ha hecho el medio público, a esta nueva etapa.

Tras analizar la operativa que Radio3 ha llevado a cabo en esta nueva realidad, observo que la emisora ha sabido adaptarse a los tiempos con todas las herramientas a su alcance: Redes sociales (Facebook, Twitter, Instagram), Blogs de cada locutor y programa, una home actualizada y repleta de contenidos como entrevistas, conciertos en streaming y “a la carta”, biografías de los protagonistas de la noticia a la par que información de los eventos más reseñables del panorama cultural y musical de nuestro país.

logo Radio 3

Si acaso se observan diferencias en lo que se refiere a cómo lleva cada presentador y periodista su “difusión en la red”. Mientras Julio Ruiz y su mítico programa “Disco grande” ofrece unos contenidos puestos al día, en fecha y con una interesante variedad de formatos (fotografías, audios, enlaces a videos, etc) en su maravilloso Blog, así como en su perfil de Facebook, otros como Ángel Carmona y su “Hoy empieza todo” otorgan el peso fundamental en las redes sociales a Twitter y se olvidan de actualizar su Blog que tiene sus últimas entradas en el mes de septiembre del año presente.

Resulta complejo el perfil multitarea que ahora se exige a los profesionales en el mismo margen de tiempo, pero queda en sus manos el sacar partido de estas nuevas herramientas para garantizar su continuidad y el crecimiento de sus oyentes con el paso del tiempo. Una labor que, sin duda, permitirá establecer cuales serán las emisoras que continúen activas en un futuro muy cercano.

Isabel Ribote

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