Iglesia pobre y para los pobres

Casa Hogar del Campesino. Patio interior
Fuente: Misioneros de la Fundación Prodein

Una característica importante del cristianismo es la práctica de las obras de misericordia, el cuidado de los más pobres. En ellos está el mismo Cristo.

El día 13 de marzo fue elegido Papa el Cardenal de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio, que tomó el nombre de Francisco. Pocos días después, en concreto el 16 de marzo, hacía esta confidencia en el discurso a los periodistas:

“El cardenal Claudio Hummes me dijo: “¡No te olvides de los pobres!” -… Inmediatamente, en relación con los pobres pensé en Francisco de Asís, en las guerras… Francisco de Asís es para mí el hombre de la pobreza, el hombre de la paz, un hombre que ama y cuida la creación… ¡Ah, cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres!.

“Nunca olvidemos que el verdadero poder es el servicio”. El Papa “debe poner sus ojos en el servicio humilde, concreto, rico de fe, de San José y, como él, abrir los brazos para custodiar a todo el Pueblo de Dios y acoger con afecto y ternura a toda la humanidad, especialmente los más pobres, los más débiles, los más pequeños” (19 de marzo, inicio de su Pontificado).

Caridad concreta

Esta especial predilección de la Iglesia hacia los pobres la recogió del mismo Cristo, que lo recomienda numerosas veces en el Evangelio y en toda la Sagrada Escritura. Por citar solo tres ejemplos:

  • Lc 6, 38: Dad y se os dará, si dais en abundancia se os dará también en abundancia.
  • Dn 4, 24: Redime tus iniquidades con misericordia a los pobres.
  • Salmo 40, 2: Bienaventurado el que se ocupa del necesitado y desvalido; en el día malo lo librará Yahvé.

Su recomendación se ve reflejada en las obras de beneficencia que durante veinte siglos ha desarrollado la Iglesia siguiendo las huellas de su divino Esposo, en las diversas familias religiosas que surgieron, sobre todo en estos últimos tiempos. ¿Quién no recuerda, por ejemplo, el luminoso ejemplo de la Madre Teresa de Calcuta y sus misioneras?

Pondré otro ejemplo. En la ciudad de Cuzco (Perú) está la “Casa Hogar del Campesino”. Fue construida por una asociación privada de fieles, la Unión Lumen Dei, y la Fundación Prodein, fundadas por el Padre Rodrigo Molina.

P. Molina con una anciana en el Cusco

Padre Rodrigo Molina, en su visita a las comunidades cuzqueñas.
Fuente: Misioneros de la Fundación Prodein

Las Hermanas, encabezadas por la Hna. Josefina Serrano (cofundadora de la Asociación), comenzaron en 1971 recogiendo a los campesinos enfermos y llevándolos al hospital. Como vieron que los pobres enfermos quechuas vivían en un total desamparo (sin techo, sin medicinas, sin comida y muchas veces sin curación) buscaron una casa para alojarlos.

Se empezó el 17 de diciembre de 1977 lo que es hoy el centro médico Casa Hogar del Campesino (CHC).

Este edificio quedó destruido por el terremoto de 1986. Pero ellas siguieron cuidando a los enfermos, aun sin local adecuado, mientras se reconstruía la casa. Con la ayuda de muchas personas se volvió a edificar y equipar adecuadamente el centro: varias salas de hospitalización, quirófano, laboratorios, UVI, consultorios externos, etc.

Poco a poco esta obra ha ido creciendo, al servicio de los más pobres. También abrieron una clínica en Acopía, en Oropesa y en Pomacanchi (varios pueblos de ese territorio). Y no solo a nivel sanitario, sino también en otros ámbitos como comedores para los más pobres, guarderías, colegios, talleres, granjas, etc. Y ya ejerce la caridad en distintos países de América, preferentemente van a las zonas más pobres y conflictivas.

«Tu lugar: Donde puedas hacer mayor bien»   (cf. P. Molina)

Como vemos, hay casos innumerables en que se puede ejercer la misericordia con los pobres, dentro y fuera de España. Y asimismo muchas ideas para que esta compasión se haga ayuda real, no solo un mero sentimiento efímero.

Yo en concreto, hablando de las obras que se hacen en España, estoy en una Residencia de ancianos en Trujillo (Cáceres, España), donde atendemos si bien a todos los abuelitos que llegan, preferentemente a los de menores recursos y más necesidad.

A título personal, creo que el mejor remedio para la crisis es vivir genuinamente la misericordia, dando no solo de lo que nos sobra, sino de lo conveniente, para dar el corazón y hacer mío el dolor y miseria de mis hermanos.

 

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