Niños estrella: ¿fortuna o desdicha?

Actualmente en televisión podemos encontrar todo tipo de programas pasando por  la cocina, realities show, entrevistas… Se podría afirmar que existe una gran variedad de contenidos dedicados a una audiencia muy diversa. El tema que trata el artículo habla de las diferentes opiniones que pueden existir sobre los programas donde los protagonistas son niños. Algunos expertos aseguran  que esta participación no impide un correcto desarrollo como personas tanto a nivel mental como social. Sin embargo hay quien piensa que este fenómeno puede afectar a los estudios y a sus relaciones con los demás. Como todo ser humano que es sacado de su zona de confort, y más especialmente en el caso de un niño, es posible que aparezcan terribles consecuencias en la edad adulta.

Todos conocemos a los que en su momento fueron niños prodigio ya sea como actores, cantantes, participantes de realities o en publicidad. Lindsay Lohan, Macaulay Culkin, en el caso de Hollywood y sin irnos tan lejos personajes actualmente famosos en España como Eduardo Casanova (“Fidel” en  la serie Aída), Eduardo García (“José Miguel” en Aquí no hay quien viva), Víctor Elías (“Guille” de Los Serrano)… En el caso de los dos actores americanos llegaron a introducirse en el mundo de la noche por una falta de asimilación de su fama. Por el contrario en el caso de los españoles no necesariamente han caído en el mundo de las drogas o han llevado una vida algo sedentaria, sin embargo sí que acabaron con su niñez queriendo ser adultos muy pronto. Por eso los expertos debaten: a pesar de que se pueda compaginar la aparición en la televisión a una temprana edad, ¿realmente es algo positivo?

Hay que tener en cuenta, que estos programas de televisión surgen de una manera cíclica, dependiendo siempre de la situación social, emocional e incluso económica de la audiencia. Los inocencia que tienen los niños respecto a los adultos se hace visible en televisión, por ello es un género que gusta y que transmite ternura. De ahí que aparezcan versiones “mini” de programas ya existentes. Es el caso de Masterchef, La Voz o Tu cara me suena. En este caso, juzgar o incluso criticar a un niño es muy difícil, precisamente por ese sentimiento infantil que transmiten. Esto es algo que no ocurre cuando se trata de adultos, con quienes no dudamos en decir lo que no nos gusta o lo que se hace mal. Con los niños siempre se trata de ser más delicados y además empatizamos de una forma mucho más fuerte.

Charo Sádaba, experta en Marketing y doctora en Comunicación por la Universidad de Navarra, afirma que “es muy interesante el éxito de estos programas, nos apasiona el discurso de unos niños, es muy liberador”. Como se ha comentado anteriormente la situación de una audiencia colectiva es un factor importantísimo a tener en cuenta. Ese sentimiento de “liberación” que afirma Sádaba tener al ver a infantes en la televisión es debido a que ellos son muy naturales y dicen lo que piensan. En una situación como la que se encuentra España actualmente es lo que el espectador necesita, verdad, transparencia, realidad. Esto tiene una consecuencia negativa y nueva pregunta a plantear: ¿se aprovecha la televisión de esto y explota esa magia de los niños para lucrarse con el beneficio?

Cartel programa La Voz Kids/ Fuente: telemundo

Cuando decimos que la televisión es cíclica es debido a su vuelta a ciertos estereotipos de programas de otras épocas. Como aparece en el artículo no somos actualmente pioneros en programas infantiles sino que es un género que tuvo su aparición entre los años 50 y 60 (e incluso más adelante). Otra opinión es la del experto en sociología de la educación por la Universidad de Valencia, José Beltrán, que afirma que aquellos programas que han tenido éxito en su versión original buscarán renovarlo para mantener el mismo formato pero engañando al espectador cambiando a los adultos por niños.

Para entender mejor las sensaciones que nos produce ver niños por la tele debemos estudiar o entender en qué consisten los efectos mediáticos. En primer lugar lo primero que se nos ocurre al ver un show infantil, por ejemplo Masterchef junior, es el candor o en la ingenuidad, pero de una forma tierna. Esa parte afecta a nuestras actitudes o emociones, es decir, al efecto mediático afectivo. Por otro lado debemos tener en cuenta que es mucho más efectivo mandar un mensaje a una audiencia colectiva, aunque existan diversas opiniones, que a un solo individuo.  Las respuestas varían en función de las categorías sociales, lo que resulta positivo si hablamos de diversidad.

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