La importancia de los metadatos en la investigación periodística

A la redacción del medio en el que trabajo llegó hace dos días un correo electrónico que contenía adjunto un pdf. Nadie conocía al remitente, quizá la dirección se había creado solo para ese envío. El mensaje que le acompañaba era escueto: “Aquí tienen las pruebas que necesitan”. En realidad, este tipo de mensajes llegan a las redacciones con más asiduidad de la habitual, así que ningún periodista muestra demasiada inquietud antes de abrir el archivo adjunto. Pero esta vez teníamos ante nosotros una verdadera historia.
Hacía un año había saltado a la prensa el escándalo de una empresa constructora de la que se sospechaba que pagaba “mordidas” a empleados públicos por favorecer la adjudicación de contratos de la administración autonómica. Aunque el caso fue investigado, finalmente quedó archivado por falta de pruebas consistentes y de testigos.
Ahora teníamos ante nosotros un documento que contenía cientos de correos electrónicos del director financiero de la constructora dirigidos a altos funcionarios, en los que se acordaban pagos de comisiones a cambio de ciertos contratos públicos. Era un “copia-pega” de pantallazos de ordenador con una información muy valiosa. Nuestro primer sospechoso del envío fue el propio director financiero, que había sido despedido hacía dos meses y cuyos desencuentros con el dueño de la constructora se habían aireado sin el más mínimo tapujo. Mientras mi compañera intentaba contactar con él para preguntarle si había sido el autor del envío, yo me dispuse a extraer los metadatos del pdf, por si teníamos la suerte de que nuestro confidente anónimo había cometido la torpeza de no eliminarlos. Y así fue. Mientras mi compañera recibía la negativa del señor director financiero, yo le mostraba en pantalla el listado de metadatos del archivo en el que aparecía claramente su nombre, la fecha de creación del archivo y unos cuantos datos más.
Pero la torpeza humana puede llegar a límites insospechados. Una publicación en Twitter de una consejera de un gobierno autonómico mostraba una imagen de una reyerta callejera en la que se vio involucrado un miembro de la oposición. En el mensaje aseguraba que ella fue testigo de la pelea y que vio como el político se abalanzaba sobre su víctima sin piedad alguna. El resto del comentario no lo reproduzco, por grosero y de muy mal gusto. Unos minutos más tarde, la esposa del político desmentía a la señora consejera en todo: ni ella era la autora de la foto ni su esposo había agredido a nadie, todo lo contrario, había mediado entre los que la protagonizaban para separarlos. El cruce de mensajes duró hasta dos horas. Una desmentía a la otra; se pedían mutuamente pruebas; se lanzaban improperios… En nuestro afán de desvelar la realidad, desde la redacción contactamos telefónicamente con ambas con la excusa de publicar la noticia en nuestro medio. Solicitamos a las dos que nos enviaran el archivo original de la imagen, para ilustrar la noticia. La esposa del político nos hizo llegar rápidamente la foto por correo electrónico. La de la señora consejera todavía la estamos esperando…. Con el archivo enviado pudimos extraer los metadatos. La imagen procedía de un teléfono móvil de una marca y modelo que coincidía con el de la esposa del político y que nada tenía que ver con el flamante IPhone de última generación que lucía la señora consejera en cada acto.
Recomendación: antes de enviar un archivo como prueba, aseguraos de eliminar los metadatos para borrar vuestro rastro.

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