Historias para entender el éxodo venezolano en Colombia, Perú y Ecuador, y su marginación social

Manuel, de 28 años, llegó a la Frontera Ecuador-Colombia por Tulcán-Ipiales (Puente Rumichaca) hace dos meses con su hijo Rafael. Nos cuenta que no ha podido conseguir un trabajo fijo, por lo que se ha visto obligado a pedir limosna en las calles, en donde ha sentido que la mayoría de los ciudadanos lo han humillado a él y a su hijo. Le han dicho de todo, desde que es un ladrón hasta que está fingiendo ser un migrante, pero él está dispuesto a pasar todo ello porque tiene que enviarle dinero a su mujer y a sus dos hijas que quedaron en Venezuela.

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“Opté por venirme a Ecuador con mi hijo porque está desnutrido y aquí encontramos medicinas y alimentos”, explica.

Janeth y su hija Pilar que se encuentran en Ecuador han tenido un poco de suerte de encontrar una oportunidad de trabajo. Una marca de helados y bolos le apoyó con el uniforme y con un bolso propio para que pueda vender este tipo de golosinas, pero a pesar de tener una salida económica, no ha estado exenta de recibir malos tratos. Ella cuenta que solo por ser una migrante es discriminada en el trabajo y que siente que al realizar la venta en las calles por su acento ya reconocen que es venezolana. Janeth tiene escasa venta de su producto, el poco dinero que recibe le ayuda para sobrevivir a ella y a su niña. Hasta este momento, un mes fuera de Venezuela no ha podido enviar nada de dinero a su mamá porque tiene pocos ingresos económicos con respecto a sus demás compañeros del trabajo.

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“No solo vendiendo en las calles soy humillada, sino que también me siento explotada en el trabajo”.

Historias de venezolanos que lo han dejado todo en su país para llegar a otras naciones como: Colombia, Perú y Ecuador. Cansados de la violencia, escasez de alimentos y medicinas, inseguridad personal y jurídica, persecución política o necesidad de enviar dinero a los que se quedan. A esto se suma el colapso eléctrico y la grave crisis de agua, lo que en pleno 2019 ha aumentado el volumen de la tragedia diaria. Estas son las causas que hacen que los venezolanos dejen su país de origen, familiares y amigos para emprender una nueva travesía y obtener una mejor calidad de vida.

Pero sucede lo contrario. Estos migrantes tienen que enfrentar varias penalidades, desde pasar los puestos fronterizos hasta llegar a los países que han elegido como destino de refugio, encontrándose con crudas realidades, como la marginación social que los somete a sobrevivir en las calles y muchas veces a humillaciones, estas son situaciones que viven a diario millones de migrantes venezolanos en los países que han escogido de asilo.

Según las cifras emitidas por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), en este momento hay cuatro millones de refugiados y migrantes de Venezuela en todo el mundo. Colombia acoge 1.289.300, el país que alberga el mayor número de refugiados y migrantes de Venezuela, seguido por Perú con 768.000 y Ecuador con 263.000.

Datos que ponen de relieve la presión que sufren las comunidades de acogida y la permanente necesidad de recibir apoyo por parte de la comunidad internacional, en un momento en el que la atención mundial está puesta sobre los acontecimientos políticos que se están dando en el interior de Venezuela.

Una crisis política y económica que ha acabado con la paciencia de los ciudadanos del país gobernado por Nicolás Maduro, y que ha hecho que al menos cuatro millones de venezolanos salieran de su territorio. Lo que se constata, que desde 2015 empezó la mayor evolución de migrantes a Colombia, Perú y Ecuador, y esta se ha incrementado en los últimos años.

En Colombia se encuentran 1.289.300 migrantes venezolanos. Un éxodo donde el flujo sigue creciendo y diariamente cruzan la frontera más de 63.000 venezolanos, de los cuales 2.500 se quedan en Colombia. Así mismo, se revela que la oficina de Migración Colombiana tiene reportados 40.000 venezolanos viviendo legalmente y calcula que estén 60.000 irregularmente, y que son 900.000 los venezolanos, incluyendo los que tienen doble nacionalidad, los que han llegado al país en los últimos 20 años, por el efecto de la llamada ‘revolución bolivariana’ y la crisis social en ese país. Esto convierte a Colombia en el principal receptor de este éxodo venezolano.

Perú es el segundo país con más refugiados venezolanos, en la actualidad son 768.000 inmigrantes procedentes de Venezuela. El flujo de ingreso a Perú es de 1.500 personas diarias después de que a mitad del año pasado llegaron más de 5.000 por el paso fronterizo con Ecuador. Lima, La Libertad, Piura, Lambayeque, Ica, Áncash y Arequipa son las principales regiones de destino. Desde entonces, la cifra de ingresos de venezolanos por día al Perú, por su frontera norte, se elevó de los 1.300 promedio hasta las 9.000 entradas registradas. Además, la mayoría son jóvenes en plena edad productiva, entre 18 a 29 años, una tendencia que se mantiene desde que inició el gran flujo de población venezolana hacia Perú, y el 70 % de ellos contaba con trabajo en su país.

Ecuador es el cuarto país de Sudamérica, seguido de Chile, que acoge a 263.000 migrantes venezolanos y, hasta fin de año, podrían incrementarse a 400.000. De estos, 125.000 ya cuentan con visa y otros 80.000 han presentado documentos para regularizar su situación migratoria. Un tercio adicional se mantiene en situación migratoria irregular. De acuerdo con proyecciones de las Naciones Unidas, hasta diciembre de este año se habrán asentado en suelo ecuatoriano unos 500.000 venezolanos, y esto es una situación realmente emergente.

De esta totalidad de migrantes venezolanos muchos se han visto obligados a ser víctimas de la marginalidad social, lo que una vez más se corrobora a través de las observaciones de campo y los testimonios concedidos por los migrantes venezolanos.

Analizando los gráficos, se evidencia que las personas se sienten marginadas socialmente porque reciben malos tratos, los miran raro y no les prestan atención, por lo que, su calidad de vida es mala, no tienen las posibilidades de buen trabajo, los discriminan y no cuentan con un lugar para vivir. Su mayor opción para subsistir día a día es trabajar en las calles, ya que son muy pocos los migrantes que tienen la oportunidad de tener un trabajo asalariado.

Además, se deduce que la mayoría realizan un trabajo informal (vendiendo artículos, comida, billetes venezolanos, cantando en los medios de transporte urbanos o realizando acrobacias en las calles, entre otras actividades) para sobrevivir porque son pocas las oportunidades de tener un trabajo fijo. Así mismo, los entrevistados consideran que la receptividad de la gente es poco amable porque no les dan el mismo trato que los demás.

El tema de la marginación social que sufren los migrantes venezolanos en los países de refugio es una situación de la que muy pocos hacen referencia. Una de las instituciones internacionales que se ha preocupado por la marginación que sufren los migrantes es la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que en base a las entrevistas realizadas a las casi 8000 venezolanos que se encuentran en varios países de América Latina de enero a junio de este año, se indica que alrededor del 66 por ciento están desempleados o que trabajaban informalmente, mientras que el 33 por ciento tienen dificultades para encontrar alojamiento, principalmente por la falta de fondos y documentos, así como a la discriminación por su nacionalidad. Debido a ello, muchos migrantes venezolanos han tenido que tomar opciones drásticas para sobrellevar la situación como mendigar, enviar a sus hijos a trabajar y hasta recurrir al sexo para sobrevivir.

Por estas realidades, la ONU en el mes de julio de este año puso en marcha un plan que ayuda para integrar a los venezolanos en 14 países de América Latina, en donde los gobiernos acordaron reforzar la cooperación, comunicación y articulación entre los países de tránsito y destino de los venezolanos.

Los gobiernos mediante este plan de ayuda fortalecerán las medidas contra los delitos transnacionales, como el tráfico y la trata de personas, así como contra la violencia sexual y de género y el combate a la discriminación y la xenofobia, asegurando la protección de los más vulnerables.

De la misma forma, el gobierno ecuatoriano, en su informe a la Nación, anunció que el país implementará una visa humanitaria para atender la migración de los venezolanos, que dejan su país ante el colapso del Estado y la falta de medicamentos, alimentos, servicios, empleo y dinero, pero también indicó que para los que no deseen quedarse en el país no se prestará las facilidades para transportarlos al vecino país del Perú porque les exigen visado desde el 15 de junio del presente año.

Otros testimonios de los migrantes venezolanos que han deseado ingresar a Perú y se han quedado en la frontera Huaquillas – Aguas Verdes, es el caso de Verónica, una madre divorciada que nos relata que huyó de Venezuela junto con su pequeño hijo David porque había días en los que ya no tenían nada que comer. Había ocasiones en que su niño se le desmayaba lo que la motivó para que emigre ya que sus padres habían fallecido, era hija única y no tenía el apoyo de nadie. Además, comenta que ella nunca pensó que le tocaría estar en las calles vendiendo golosinas y pidiendo ayuda. Así mismo, relata que es muy poca la gente amable, que en realidad la mayoría de veces solo recibe malos tratos.

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“Me miran desde los pies hasta la cabeza para ayudarme porque creen que somos venezolanos vagos”, lamenta.

Luis es un venezolano procedente de Maracaibo, él como otros migrantes no han tenido la oportunidad de un trabajo formal. Por ello, hace cuatro meses se encuentra en Ecuador vendiendo frutas y golosinas en las paradas de los coches expandiéndose a muchos peligros. Cuenta que está pensando en emigrar a Perú debido a que por las diferentes ciudades del país por las que ha pasado él la venta es muy mala, ya no sabe qué hacer. Según Luis siente que son pocas las frutas que le compran porque las personas piensan que cuando bajen la ventana del coche les puede robar.

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 “Soy una persona honesta que está pasando por una situación difícil como la que están atravesando mis hermanos venezolanos”.

Así mismo, Yolanda cuenta que hace seis meses se encuentra en la frontera ecuatoriana – peruana junto con su familia con el objetivo de construir un futuro para sus hijos.

 

“A pesar de que lo estoy pasando mal, no me provoca regresarme a Venezuela”.

Detrás de esta crisis migratoria, miles de seres humanos viven historias desgarradoras que los hicieron abandonar su patria. Miles de venezolanos se juegan todo en un viaje, en busca de la esperanza que, aseguran, perdieron en Venezuela. Realidades que nos hacen entender la ola migratoria, que ha puesto en jaque a los países de asilo y a los migrantes venezolanos.

Una marginación que se va incrementando a diario, y la misma que se ve reflejada en las calles ante el rechazo a una plaza de trabajo fija. A los migrantes venezolanos les ha tocado pedir limosna, vender jugos, caramelos o pulseras, pero también vender parte de su historia: bolívares, billetes de la que fue su moneda oficial y que por la hiperinflación que padece esa nación se devaluó.

La situación que vive Venezuela golpea cada vez más fuerte y la desesperación por no poder tener una vida digna ha llevado a muchos a buscar el futuro fuera de sus fronteras. Entre los miles de venezolanos que emigran hay historias de vida para dimensionar todos los obstáculos que enfrenta un migrante.

Se puede sintetizar la marginalidad social, en la frase que expresa Pina Freddy, docente de la Universidad de Columbia Británica: “Las personas marginadas sufren la miseria, la falta de integración, la insatisfacción de sus necesidades básicas, la falta de trabajo o todas esas cosas a la vez”.

 

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